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La inercia del boom habitacional en la Ciudad de México, que mantenía un ritmo creciente de 28.9% el inventario de proyectos residenciales verticales y los incorporados a complejos de usos mixtos, ha incentivado el uso de materiales de construcción y tecnologías que hacen factible el confort de elementos como la acústica, la termicidad y la modularidad de los espacios.

Los avances tecnológicos en los elementos de la edificación residencial como el plástico, concreto, acero o metales, han permitido no sólo un menor impacto en términos sustentables, sino que combinados con los materiales de los sistemas de construcción ligera han mejorado el bienestar.

“En el proceso y alcances logrados es importante entender el impacto que tiene un material desde su concepción hasta el desecho, es decir los 25 años de vida útil que se establece para las viviendas en términos comerciales, aunque por estadísticas en México en promedio llega hasta los 50”, detalla Tobías Contreras, director de innovación en la desarrolladora Vinte.

Esta tendencia es importante si se considera que su instrumentación no sólo aplica a los cientos de viviendas horizontales medias y de interés social, sino lo utilizado para diseñar y construir espacios habitacionales de lujo en la Ciudad de México (CDMX).

La inercia ha crecido al grado que en CDMX donde se registra la edificación de 30 mil 928 unidades, más del 60% de ellas se clasificó en los segmentos de mayor valor, tanto que llegan a tener costos de hasta en $25 millones de pesos por unidad.

Son propiedades residenciales que se ubican en corredores inmobiliarios como Santa Fe, Nuevo Polanco, Polanco, Roma, Condesa y algunas zonas del sur de la Ciudad, que experimentan el desarrollo de distintos proyectos, de acuerdo con el informe de coyuntura inmobiliaria en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM) de la firma TINSA.

Tobías Contreras reconoce que cada año es más amplia la oferta de sistemas y materiales de construcción que hacen eficiente la distribución interior de espacios y facilitan la incorporación de sistemas de muros para las nuevas necesidades del consumidor.

“El reto de los nuevos sistemas es el cambio en la cultura de los habitantes de las nuevas áreas, ante un método tradicional de construcción que funciona con patrones menos flexibles ante los cambios de los tiempos actuales. Al final todo está encaminado a mejorar la habitabilidad de las viviendas, incluso las de interés medio”, explica.

La última estadística disponible confirma la evolución residencial vertical y el volumen constante de edificaciones, que hasta finales de 2017 registraba 7 mil 187 nuevas unidades y un total de 1,242 proyectos activos en Ciudad de México.

Estas nuevas condiciones del mercado modificaron las metas y perspectivas de los grandes jugadores del mercado.